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Crónica del festival de autoedción del CSA Tabacalera

Myri ojea el libro en nuestro tenderete de cajas de madera

La jornada del domingo, que finiquitaba las fiestas de San Isidro en Madrid, acogió también otra fiesta: la de los creadores que se autoeditan. El público madrileño, o no tanto, se acercó a curiosear por algunas las páginas más libres del panorama patrio. Y es que la verdadera afinidad de los participantes era su amor al arte, en general, y al suyo propio, sin intereses editoriales o presión de tipo alguno. Una veintena de tenderetes expusieron sus obras, todas ellas supurantes de entusiasmo y frescura.

El espació que nos cedió la Tabacalera resultó inmejorable: estéticamente decadente, pero lleno de alma, luminoso, ambientado con música y alegrado con un bar de precios populares, que hizo que no decayera el tono en ningún momento.

Los papanautas también exploramos el perímetro y a los navegantes y artistas que por ahí pululaban. Especialmente bien nos acogieron los veteranos de Rantifuso (a ver, jóvenes y hermosos, pero con 10 años de fanzines en sus espaldas), los estudiantes de Bellas Artes (que editan cosas tan sugerentes como Guts o Dinamita Diminuta) y nuestra amiga María José Téllez y sus cuentos para padres inquietos. No iniciaron en el noble arte del trueque de arte. ¡Y estamos encantados!

El señor Don Miguel, nuestro abonado particular, paseó su curiosidad por todo el recinto haciéndose con una preciosa y preciada colección que pasa a engrosar la estantería papanáutica. Mirad, mirad:

colección de los libros autoeditados (comprados o intercambiados) que conseguimos

En los próximos días intentaremos reseñar los que más nos hayan llamado la atención.

Y aquí os dejamos. Ojalá hayáis pasado por el festival de autoeditores, porque fue muy divertido e interesante. Y si no, os esperamos en la próxima edición.

¡Un abrazo, papanautas!